La ruina que nos espera…

En anteriores posts ya os indiqué que estabamos en guerra, una guerra terrible, silenciosa y que, de no ser afrontada pronto, terminará con un nuevo orden social que, no lo dudéis, no nos gustará al 99% de nosotros.

Ayer, día de infausto recuerdo, España acaba de firmar su sentencia de muerte. Económicamente bajaremos de golpe a ser un país no ya en «vías de desarrollo», sino en «vías de subdesarrollo». La ayuda europea, envenenada, ha sido aceptada para tapar los agujeros que una elite irresponsable (y que no responderá de sus culpas ante la justicia) nos ha horadado a despecho de todos los logros de nuestros padres en aspectos sociales y humanos.

La subida del iva, los recortes en sueldos de funcionarios, la cicatería en la inversión del estado y, en suma, la rendición incondicional a las exigencias de los acreedores internacionales va a provocar un descenso impresionante del consumo, una reducción imparable de los ingresos del estado, una ola de paro y descontento que nos arrasará tarde o temprano. Y lo peor de todo es que no es culpa solo de un gobierno, es culpa de una casta de ignorantes, chapuceros y gregarios políticos que han cedido a la presión de una pequeña minoría de enriquecidas familias intentando salvar los trastos cueste lo que cueste. ¿No tienen verguenza estos nuestros representantes?

Mientras la calle se empieza a calentar, los perros del estado, sin paga de navidad, pero con claras directrices, empiezan a ladrar y aporrear en las calles, con la complicidad de los medios de incomunicación y el aplauso de los politicuchos… ¿Hay alternativas? No lo se, no las veo…

El dilema moral

Para aquellos locos que siguen este blog con cierta asiduidad o los chalados que nos tienen en su lector de RSS, no os contaré nada nuevo si os digo que soy un empresario. Empresario forzoso, eso si, porque a falta de una empresa que me ofreciese las condiciones de libertad y desarrollo personal que yo esperaba, me tuve que construir la mía. Montar una empresa no es realmente difícil si sabe cómo, lo complicado es dotarla de una continuidad, rodearte de gente que disfrute haciendo lo mismo que haces tu y encarar los desafíos día a día teniendo claro porqué estas en ella.

El caso es que, como es evidente, a mi lo que me gusta es programar, desarrollar software útil y ver cómo se utiliza y cómo facilita la vida, en mayor o menor medida, a nuestros clientes o a los clientes de nuestros clientes. Hay veces que se te ofrecen proyectos de una embergadura mayor de lo que puedes abarcar, y en esos momentos hay que decidir si se hace más grande el barco o se tira la oportunidad por la borda. En mi caso cada ampliación de la plantilla ha ido acompañada por tortuosas noches en vela y mil y una deliberaciones sobre la rentabilidad y la capacidad de dar una estabilidad laboral al nuevo colaborador. En fin, un sinvivir que un directivo medio de empresa de medio pelo no sufre generalmente.

Mi empresa no tiene altos ideales, ni objetivos macroeconómicos que cumplir, nos basta con saber que damos un servicio excelente y que nos pagan lo justo para seguir haciendo lo que nos gusta. No solemos sacrificarnos demasiado e intentamos coger proyectos interesantes para poder seguir aprendiendo día a día (esto de la informática es lo que tiene). Somos un poco frikis y, en suma, intentamos hacer del trabajo una parte estimulante de nuestra vida, no un castigo divino que tenemos que sufrir para purgar nuestros pecados.

Y llegados a este punto es cuando surgen los dilemas morales, las preguntas existenciales, ¿debe ser el empresario un explotador? ¿hay que abusar de los empleados o ellos abusarán de ti? ¿merece la pena montar una empresa en este país?… En suma, ¿el único empresario posible en nuestro sector y nuestro país es el empresaurio?

La legislación, la negociación colectiva, el sistema de recaudación del estado, el sistema de protección social están diseñados, básicamente, para dos tipos de empresas: las grandes y las más grandes. Tener que adelantar el IVA de las facturas y soportar plazos de pago de 120 días, pagar comisiones exageradamente desorbitadas a los bancos por una mínima financiación, lidiar con convenios diseñados para grandes cárnicas explotadoras en lugar de pequeñas pymes sin margen de maniobra, tener las mismas obligaciones laborales que empresas miles de veces más grandes y solventes son aspectos que hacen la vida al pequeño empresario muy, muy difícil. Como contrapartida suele quedar la familiaridad con los empleados, el apoyo mutuo o el compromiso absoluto que el empresario suele tener con la empresa haciendo suyos todos los problemas sin mirar para otro lado…

En mi caso, y es lo que provoca este post, he estado a punto de ver como la empresa se iba a pique por una combinación de crisis y mala suerte. Hubo un momento en 2011 en que fuimos 3 empleados y uno era una chica que se había quedado embarazada y estaba de baja desde el segundo mes… Nuestro convenio obliga a complementar el sueldo hasta llegar al 100%, por lo que durante su baja estábamos pagando el 25% de su sueldo y las cotizaciones sociales (otro 30%), con solo dos personas trabajando nos costó muchísimo sacar adelante ese año. La reincorporación de esta trabajadora fue un episodio casi kafkiano para una microempresa, tuvo gemelos, por lo que se amplió su periodo de baja maternal (periodo en el que seguíamos cotizando por ella) y, a su vuelta, decidió tomarse las vacaciones del año pasado, las del presente y tomar al pie de la letra el convenio que le daba 15 días por hijo por lactancia… Total otros dos meses y medio pa?andola el salario completo y las cotizaciones y sin obtener ningún ingreso por su parte… Al final ¡albricias! la muchacha vuelve a incorporarse y vemos el cielo abierto, nos constará volver a rentabilizar su trabajo, pero podemos conseguirlo con el tiempo…

¡Craso error! Al poco de volver me indica que se va a casar ¡chica! ¿en 14 meses no has tenido tiempo para ir al juzgado? No pasa nada, otros 15 días de sueldo, además se pide vacaciones que hace coincidir con el principio y el final de forma que se convierten en 20 naturales seguidos. Además, pone problemas para tomar días de vacaciones en los momentos en los que no hay trabajo en el cliente… ¿por qué quieres venir a la oficina si no hay nada que puedas hacer? ¿por qué te vamos a pagar esos días? Es un pequeño esfuerzo, pero no te estamos pidiendo la luna, solo que te tomes semana santa de vacaciones… Al volver de su feliz casamiento me comunicó que se iba de la empresa… Que fuese preparando el finiquito y que quería más días de vacaciones!!! ojiplático me quedé, saco la cuenta de los días naturales que ha disfrutado en lo que va de año (83 y estamos a junio)… Llevamos palmando pasta con ella desde hace año y medio, nos dice que se va, impidiendo ya que recuperemos lo perdido, perdiendo definitivamente al cliente que estaba atendiendo y, encima, quiere más…

Ciertamente las cuentas no me salían. Independientemente de que siendo purista igual algo de razón podía tener, lo que es inconcebible es que, por una parte, una empresa tan pequeña como la nuestra pueda ponerse en riesgo de bancarrota por una situación, aparentemente, cubierta por la seguridad social y, desde luego, totalmente ignorada por sus beneficiarios y, por otra, que una persona que lleva sin trabajar más de 14 meses no tenga el buen sentido de entender la situación en la que pone a la empresa. Para terminar de rizar el rizo, tras una conversación nada agradable con una abogada y la preparación preceptiva del finiquito en cuestión, en el momento de firmarlo la chica se niega a devolvernos el portátil que usaba para su trabajo… ¿Qué portátil? No se de qué portátil me hablas.. El surrealismo más purista acababa de hacerse obra de teatro dentro de mi oficina…

Aunque al final la cosa parece que se ha encauzado (momentáneamente), esta es una experiencia que no se la deseo a nadie (generalmente se paga por el trabajo y se intentan sacar beneficios de ello, no se paga por no hacer nada y encima de dinero se pierden clientes). Soy un firme defensor de la conciliación de la vida familiar y laboral, no tengo ninguna intención de perjudicar a las mujeres por el hecho de que lo sean, pero… ¿qué me vendrá a la cabeza cuando entreviste a una mujer en edad fértil? ¿la tendré que pagar menos para compensar las seguras pérdidas que esto me ocasionará? ¿preferiré aminorar las probabilidades y no contratarla? ¿toda esa legislación y macro-convenios para proteger la maternidad no se convierten en un arma contra la contratación de las mujeres?

Todos esos dilemas, y muchos más, se agolpan en mi cabeza mientras pienso como recuperarme del golpe y seguir adelante porque, alguien tiene que generar empleo, y me temo que en España somos las pymes las que más contratamos… Y todo esto solo por poder seguir programando y haciendo cosas interesantes… Igual dentro de poco ya no me merece la pena y me tengo que buscar algo «más estable», aunque no genere empleo y tenga que aguantar a un gerente incompetente…

Como resumen, y antes de que los sindicalistas que pasen por aquí me pongan a bajar de un burro (estoy abierto a todo), un pensamiento: De donde no hay no se puede sacar. Por muchas leyes que se hagan, si no hay presupuesto para financiarlas, no se podrán llevar a cabo (mirad la ley de dependencia). Con las empresas pasa lo mismo (ojo, con algunas, que también hay tiburones), a veces no hay dinero como para poder exigir el 100% de lo que se quiere.

¿Y porqué he puesto esa foto en el post? Porque es lo que ví anoche desde mi balcón (un incendio en las mimbreras) y porque así es como tengo la cabeza después de tanto dilema.

Los diseñadores web y el mercado

Diseño web

Dejadme que os cuente una historia…

Hemos decidido rediseñar completamente el interfaz web de BiblioEteca y, para ello, necesitamos contratar un nuevo diseñador web que tenga la capacidad necesaria para abordar este desafío. Puesto que el interfaz web es nuestro front-end y de nada sirven las funcionalidades maravillosas si los usuarios no pueden encontrarlas o si les parece poco profesional la presentación. Por eso requerimos que sea bueno-bueno y de confianza.

Dicho y hecho, nos ponemos a buscar y empiezo a preguntar a la gente que conozco que ha trabajado con otros diseñadores web para que me aconsejen según su experiencia y para evitar tener que poner anuncios en infojobs que siempre es más impersonal. Como recibo pocas recomendaciones me decido a ir un poco más allá y pedir por twitter diseñadores con ganas de trabajar.

A todos los que he contactado les he pedido lo mismo, que echen un vistazo a la web y que nos propongan algo sobre cómo reharían ellos la web, de esa manera podríamos ver si el enfoque que nos proponía se acercaba a nuestra idea y así poder elegir entre los distintos candidatos. ¿Os parece algo extraño?

El caso es que varios de los que se presentaron por twitter (igual es un defecto de la plataforma) se negaron en redondo a hacernos estas propuestas si no les pagábamos por ello. De hecho, incluso alguno nos sugería que había que estar muy desesperado para hacer tal cosa gratis. Cuando les pregunté cómo hacía un nuevo cliente para saber qué es lo que recibiría antes de firmar el contrato me decían que «es una cuestión de confianza»… Si, pero, ¿y si no puede haber confianza porque no se conocen cliente y diseñador?

En una de las primeras empresas en las que estuve desarrollé labores de preventa durante unos años. Estas labores consistían, básicamente, en asistir a los comerciales en la elaboración de sus propuestas, incluyendo elementos técnicos que los clientes podrían necesitar para evaluar correctamente nuestra oferta. También incluía hacer demos y preparar prototipos afuncionales de las soluciones propuestas. Es evidente que no se hacía el mismo trabajo para todos los clientes y que los contratos a conseguir debían justificar el trabajo, aunque claro, el ratio de consecución de contratos no era, ni mucho menos, el 100%, por lo que hacíamos mucho trabajo sin obtener ingresos a cambio… Es lo que se llama labor comercial.

Sin embargo la labor comercial entre los freelances (e incluso alguna empresa) del diseño web parece que no existe. Lo máximo que puedes conseguir son dos párrafos de copiar-pegar y un presupuesto que, al final, solo hace una valoración por hora. No se si es la desconfianza de estos profesionales hacia los potenciales clientes, creyendo que estos van a utilizar sus ideas sin pagarles o, simplemente, es que les sobra el trabajo y no ven rentable hacer actividad comercial. Es cierto que se dan abusos de muchos clientes pidiendo análisis casi completos sin soltar un duro, pero también es cierto que no puedes esperar que alguien te contrate sin darle garantías del resultado a obtener y, encima, pidiendo cobrar por adelantado.

A mi que una empresa me pida que le pague por mandarme una propuesta me sienta tan mal como que me quieran cobrar por enviarme un curriculum o que me pidan dinero para venir a una entrevista de trabajo. Si no hay labor comercial y no se dedica tiempo a convencer a un cliente no se merece el trabajo.

A seguir buscando…

Las batallas perdidas – Economía

Siguiendo con el anterior artículo: «Estamos en guerra aunque no lo sepamos«, vamos a repasar las batallas que ya se han librado en los frentes abiertos y cómo, cada vez más, la pinza está intentando atraparnos en fuego cruzado con unos pocos, muy pocos, beneficiados.

Batallas ya luchadas y perdidas en su mayoría:

En la parte económica

  • Años 70-80 : cruzada contra el poder de los trabajadores (ej. Thatcher, Reagan) para reducir su influencia y hacer que el capital ampliase la suya.
  • Años 80-90 : deslocalización de la fuerza de trabajo y todo el poder pasa a manos de las elites financieras, los salarios caen en todas partes en cuanto a peso en la economía de los países. Los financieros se encuentran con que cada vez hay menos poder adquisitivo para comprar bienes que sus empresas producen.
  • Años 90-2000: se soluciona el problema de la falta de liquidez no subiendo los sueldos sino concediendo crédito barato. Las deudas de familias y particulares se triplica con respecto a la década anterior.
  • Crisis financiera: el crédito a los particulares llega a su límite y los artificios financieros para multiplicar los beneficios basados en esa deuda explotan.
  • Crisis de deuda soberana: La elite financiera entra en pánico y exige a sus políticos recates e inmunidad para los responsables del fiasco. Eso produce un problema de deuda soberana que devuelve un poco más el poder a los responsables de la crisis que no piensan hacer nada para ayudar a la economía real. Cierran el grifo de los préstamos a particulares y empresas y terminan de estrangular el desarrollo económico. Los mismos ideologos del crédito infinito proclaman ahora que se acabó la fiesta y que toca pagar.
  • Gobiernos títeres: varios países Europeos ponen en su gobierno, o al mando de sus economías a destacados financieros responsables de la crisis pero que ahora se erigen como garantía para seguir recibiendo créditos (aunque sea pagados con dinero del propio país o de la unión europea) y adoptan las medidas de recorte de gasto que asegurarán que las deudas serán devueltas, aunque condene a los ciudadanos del país a la más absoluta recesión durante lustros. Todos los beneficios sociales son considerados «superfluos».

Podéis ver un bonito resumen de todo esto en este video (subtitulado):

En el próximo post proseguiremos con las batallas por la propiedad intelectual o cómo unos pocos intentan robar el conocimiento universal.

Estamos en guerra, aunque no lo sepamos

Anonymous

Si, no es una afirmación gratuita, acaba de comenzar una guerra, que según el resultado que se obtenga marcará el futuro de la siguiente generación y las venideras. Puede parece que soy alarmista, pero estoy sentado viendo como las cosas más increíbles suceden a mi alrededor y no paro de recordar la sensación que tuve cuando cayó el muro de Berlín, pero ahora al revés… Empieza una lucha y toca luchar.

Y esta es una guerra con varios frentes abiertos, aunque algunos están relacionados y el enemigo ya nos esté haciendo una maniobra en pinza para dejarnos fuera de juego… Si aún no sabéis de qué estoy hablando, es hora de hablar más claro.

¿Quién es el enemigo?

Básicamente las elites que se han adueñado del 99% de los recursos y han empezado a dejar de disimular sobre lo bien que les va y lo poco que aportan a la sociedad en conjunto. Asociados a estos «magnates» nos encontramos a un grupo de colaboradores necesarios, como son los políticos, corruptos de una u otra manera o que se han dejado llevar por la propaganda de estas elites y creen firmemente que la salvación de occidente se encuentra en mantener a salvo el dinero de unos pocos. Bajo esos políticos tenemos a un grupo de mandos intermedios que intentan ser elite o, al menos, no bajar a la arena de los perdedores. En este grupo podemos encontrar a los financieros y a sus ideólogos neocon.

¿Cual es el campo de batalla?

El campo de batalla es el mundo entero, los recursos en litigio son la capacidad de los seres humanos por vivir dignamente, por mejorar como especie y por encontrar un entorno equilibrado con el medio ambiente. Las bajas se producen cada vez que una persona es desahuciada de su casa, pierde su empleo o se le niega asistencia médica por razones económicas. La resistencia se compone de 1800 millones de personas conectadas a internet, altamente preparadas, con ganas de compartir y con firmes convicciones éticas de que el ser humano merece un espacio en esta tierra para vivir y convivir.

¿En qué frentes se lucha?

El frente económico

Nuestra sociedad se ha construido en base a ciertos artificios, como el dinero, que nos permiten realizar intercambios de bienes y servicios con cierta eficiencia y comodidad. Sin embargo, estos artificios han sido pervertidos por ciertas personas para fomentar la acumulación de capital, de tal manera que en lugar de servir como incentivo para el avance de la humanidad se ve como un objetivo en si mismo. Lo que antes fue un medio (facilitar los intercambios comerciales y la retribución del trabajo) se ha convertido en un fin (acumular capital y beneficios).

El frente de la propiedad intelectual

Hace mucho tiempo, cuando las leyes intentaban remediar situaciones malas para la sociedad en su conjunto y se solía utilizar el sentido común, se descubrió que leer libros era bueno para la gente. Además del problema de falta de educación, en el siglo posterior a Gutenberg se vió que también faltaban libros que leer. Además, la producción de un libro por parte del gremio de impresores solo daba beneficios al impresor, ya que se consideraba como cualquier otro objeto, por lo que los autores veían poco, o nada, de su trabajo intelectual. Por eso, en 1717 se promulgó en inglaterra el «estatuto de ana» que sentó las bases de la legislación sobre derecho intelectual posterior (ver la historia del asunto) que defendía los derechos de los autores y que fue unánimemente rechazado por los impresores al ver mermados sus derechos.

Estas leyes se han ido pervirtiendo y han pasado de proteger a los autores para fomentar la producción literaria y científica a proteger a las compañías que trafican con esos derechos. Realmente la propiedad intelectual no existe como bien tangible, ya que no puede apropiarse (si yo tengo una idea y la comparto no la pierdo, lo mismo si la copio). Los malvados impresores aprovecharon la circunstancia de que los artistas solían ser pobres y compraron sus derechos a cambio de migajas, sometiendo la distribución de las obras a condiciones tan peregrinas como que el precio de un libro dependa del país en que se venda. Dado que los costes de duplicación eran fijos y los derechos de autor muy asumibles para los editores, se creó una industria dedicada a explotar a los artistas y expoliar a los consumidores. Usando todo ese potencial, las editoriales, y luego las discográficas y los estudios de Hollywood se dedicaron a promocionar que «la propiedad intelectual» era tan propiedad como la propiedad privada, haciendo que sus activos pudiesen crecer sin límites, ya que el intelecto humano no está limitado como los recursos naturales.

Sin embargo, con la llegada de internet las formas de distribución de conocimiento se hicieron universales y muy baratas, ya no se necesitaba papel ni plástico ni vinilo como soporte de las novelas, películas o música que producían los autores. La necesidad de los malvados impresores ya no era necesaria para el fomento de las obras intelectuales y tomaron el papel de «dueños» de todos los sueños de la humanidad. Antes nadie podría publicar sin su permiso, las canciones no se escucharían en las radios sin su consentimiento, las películas no verían los cines sin una participación en beneficios, pero ahora internet había cambiado eso y cualquier autor con un blog podía producir relatos de más calidad que los que se veían en papel  y un jovenzuelo con un ordenador podría hacer una obra musical que ni Mozart en sus años mozos.  Esa situación, aunque buena y deseable para el conjunto de la humanidad, dejaba sin control a los brokers de propiedad intelectual. Utilizaron todo su dinero e influencias para hacer las leyes de propiedad intelectual más restrictivas y extensas, pervirtiendo el sentido de las mismas intentando perpetuar su statu-quo.

En suma, unos pocos (muy pocos) se arrogaban el derecho de decidir sobre qué y cómo podría disfrutarse de los productos culturales, usando como escudos y excusa a unos autores que, influenciados por sus amos, no veían otra que hacer causa común con sus opresores.

El frente social

Quien dude de que estos 100 últimos años el ser humano ha mejorado considerablemente su forma de vida, que deje de hacerlo, ahora se vive más, se vive mejor y se disponen de más medios que nunca para el desarrollo como personas. Hay muchos indicadores que así lo dicen: la esperanza de vida, el índice de mortalidad infantil, la renta per-capita, etc. En suma, la humanidad está hoy en disposición de, como mínimo, poner en práctica los derechos humanos. Sin embargo, a los derechos humanos, hoy en día, se están contraponiendo los derechos de los mercados, entes sin ninguna propiedad tangible salvo que pueden hacer que la gente se muera de hambre porque el precio del trigo se dispara o que países enteros arruinen sus sistemas educativos o de protección de la salud para contentarlos.

En estos días, el frente social se abre justo donde se cierra el económico. Es hora de pensar qué es más importante, las personas o las corporaciones, los beneficios sociales o los beneficios financieros, poder vivir en paz y armonía o provocar guerras por los recursos que solo beneficiarán a 4 o 5 personas particulares y provocarán miles de muertes. El pensamiento neocon nos conduce a una desregularización en todos los aspectos de la vida, pensando que los mercados nos traerán la prosperidad por si mismos y sin pararnos a pensar que los mercados al igual que la economía es un medio para mejorar la vida de la gente, no solo de unos pocos a costa de la mayoría.

Los recortes sociales en nuestro paía, en educación, en investigación, en sanidad, han sido provocados por las exigencias de unos mercados que prefieren ver suculentos beneficios financieros en la mesa antes que gente sana y bien educada. En este frente también se están librando batallas de propaganda…

El frente ecológico

Quizá parezca cansino… Pero si, el hecho es que solo tenemos un planeta que habitar y tenemos que compartirlo con el resto de las especies que todavía siguen con vida. No es que ahora tengamos que salir con nuestra camiseta desteñida y mudarnos a una comuna hippie y hacernos vegetarianos, no hace falta, solo hay que mirar a nuestro alrededor e intentar imaginarnos como estará ese paisaje dentro de unos años.

El cambio climático, que es un hecho constatable y fácilmente demostrable para cualquiera que tenga dos dedos de frente y los datos climáticos de los últimos lustros es la muestra más palpable del impacto que la humanidad en su conjunto está teniendo sobre el medio ambiente. Y ese impacto no es positivo. La deforestación de bosques, la plantación y ganadería masiva, la producción de gases industriales y otras emisiones han provocado cosas como el efecto invernadero, que indudablemente están mermando la capacidad del planeta para regenerarse. Estamos convirtiendo nuestro hogar en un campo minado… Y no tenemos a donde mudarnos.

Una vez más, el enemigo niega la mayor y decide que los beneficios financieros deben primar por encima de los beneficios ecológicos. A pesar de razonables intentos por parte de ciertos paises, no se ha conseguido un acuerdo global que permita preservar nuestro planeta de nuestros propios abusos. El fracaso del cumplimiento del protocolo de Kioto, que ni siquiera ha sido ratificado por EEUU, o el acuerdo de Durban y la propaganda, otra vez, intentando desprestigiar las investigaciones sobre el cambio climático, hace que mucha gente mire de soslayo el problema, como si fuese algo que no tiene que ver con ellos o que, en el mejor de los casos, es un asunto discutible.

De nuevo, el interés de unas pocas corporaciones en explotar al máximo los recursos, junto con la especulación desmesurada con materias primas (consecuencia de la crisis financiera donde los brokers se quedaron sin más artefactos con los que jugar a la ruleta rusa de la inversión) prima sobre el interés general… ¿Qué hay más general que tener la casa limpia y poder dejársela a nuestros herederos en buen estado?

El frente humano

Y finalmente, ¿somos personas o somos números? ¿Somos una estadística de trabajadores / parados / cotizantes / enfermos / jubilados / … o somos realmente personas que han de vivir su vida, alimentarse, habitar una casa, formar una familia, divertirse con los amigos y discutir con los vecinos..? ¿Somos una cantidad de euros en una cuenta corriente o en una hipoteca impagada o somos gente con problemas que solo necesita ser escuchada?

Parece ser que, para los políticos, solo contamos en los días previos a ir a depositar el voto, ni la corrupción, ni la ineptitud parece que hagan mella en ellos. Con los avances actuales sería posible desarrollar una verdadera democracia participativa donde la gente afectada por un tema pudiese influir en las decisiones, no como lobby, sino como derecho fundamental de representación. Las anquilosadas estructuras de los partidos políticos y sindicatos, junto con la desidia ciudadana a la hora de plantear cambios hacen que esta situación prometa prolongarse indefinidamente. ¿Cómo van a cambiar los propios políticos, de motu propio, su situación privilegiada? Ante las protestas, represión, ante las quejas, desinformación.

Soy un ciudadano de un país supuestamente democrático, que debería defender unos valores morales comunes a todos, en una época donde ya no hay necesidades primarias que no puedan ser satisfechas y que, por tanto, podemos dedicarnos a mejorar como personas y como raza… Pero esta, como las anteriores, es una utopía que se está perdiendo en este frente de la guerra. Ya no nos quedan principios a los que agarrarnos.

Y si todavía no creéis que estamos en guerra, os diré que ya se han librado varias batallas en esta contienda, eso si, os lo diré en el próximo post para que os sea más sencillo seguirlo.