Jazztel te miente

Me está hirviendo la sangre, la verdad, hacía tiempo que no me sentía tan maltratado como cliente, ni tan estafado como persona. El responsable: Jazztel.

Mi empresa ha tenido durante ya casi diez años a ONO como proveedor de teléfono e internet, somos una pyme y no tenemos grandes necesidades, solo queremos una conexión estable y una IP fija. Eso es así porque para acceder a algunos clientes tenemos que pasar por firewalls que son un poco especiales con los desconocidos… Tras la adquisición de ONO por Vodafone también cambié los móviles (parte de ellos) a Vodafone, aunque fueron incapaces de ponerme en el mismo contrato todos los servicios.. Y eso molesta.

Cuando Jazztel me llamó directamente al teléfono de ONO para hacerme una oferta, lo único que pregunté es: ¿puedo tener IP fija? y el comercial me dijo si, claro que si. Yo, que ya había oído que Jazztel fibra no ofrecía ese servicio volví a preguntar, ¿pero seguro? y el comercial me puso en espera mientras hablaba con su supervisor que, esta vez con más rotundidad me confirmó que «si, claro, para las empresas si que damos ese servicio«. Dado que lo que me ofrecian unía los móviles, el teléfono e internet en la misma oferta y salía mucho más barato que lo que tenía con Vodafone/ONO pues piqué… Y dije que si, me pasaron con un tercer operador que me leyó las condiciones, y me dijo, con toda algarabía que la IP fija estaba incluida y era gratuíta para empresas. Dado que estaba todo ok, confirmé, me enviaron un sms larguísimo con un enlace a otra página más larga todavía con todas las condiciones que yo, como todo el mundo, se limitó a confirmar (supuse que sería lo mismo que me acababa de leer el operador)… Al día siguiente me llaman para fijar la hora en la que se pasará el instalador y, efectivamente, el día posterior, se nos presenta el instalador en la oficina y, no sin problemas, nos deja instalada la fibra (antes de salir pitando que ya se le había hecho tarde).

Verificamos la velocidad, probamos que podemos hacer llamadas (aunque todavía no recibirlas, entiendo que por cosas de la portabilidad) pero vemos que la IP que tenemos asignada es de un rango dinámico de jazztel… ¿Qué pasó con la IP fija? Y aquí empieza el calvario de lo que denominaré la «Experiencia Jazztel». Llamo al teléfono de atención y me desvia al servicio técnico de empresas (porque llamaba desde el mismo teléfono y les proporcioné el CIF), donde el buen señor (ánimo Jesús) me indica que ellos no pueden cambiarme la IP, que me redirije al departamento comercial para que me lo arreglen… Y me desvió a otra persona a la que tuve que volverle a contar todo, que me redirigió a otra que tampoco sabía nada y a la que tuve que volver a contárselo y luego a otra que, tras escuchar mi explicación terminó por colgarme el teléfono… En total habré hablado con 9 o 10 personas distintas de las más variadas nacionalidades y cada cual con su «yo no puedo ayudarle, le paso con…» o «esto no es de empresas, llame a …» o «no me figura que tenga el paquete de empresa, llame a…» Aquí os dejo el registro de llamadas (solo las del fijo, desde el móvil también llamé un par de veces):

Más de una hora y pico perdida… Para, finalmente, toparme que ya eran más de las 18:00 y ya no dan atención comercial (que, se supone, son los que tienen que arreglar el problema)… Con la boca seca de dar tantas explicaciones y cabreado por que ya no me atendían me fui a twitter a ver si allí había alguien que atendiese… Y si, alguien había… Que me indica que me lea lo que me mandaron por SMS a ver si pone algo de IP fija… Lo leo atentamente (más tiempo perdido) y veo que no, que no aparece por ninguna parte, así que, a no ser que hayan grabado las conversaciones con los comerciales que me convencieron para cambiar no tengo pruebas para demostrar que me vendieron una cosa y luego me han enchufado otra… ¿Me mintieron? PUES SI!

¿Qué opciones tengo ahora? Según el testamento ese de condiciones pone que si desisto de la compra tengo que pagar 260 Euros (no se como cuanto de legal es esto) y además un año de permanencia con 110 Euros de penalización (no se si por movil o por contrato)… y dado como está su sistema comercial veo dificil que puedan ponerme IP fija aunque quiera pagarla y aunque fuese esa la única condición que puse para poder cambiarme… Así que, ya lo he aprendido, voy a empezar a grabar yo también a los comerciales para poder tener alguna prueba de que son unos sinvergüenzas que te venden una cosa y luego te dan otra (o unos inútiles que no saben lo que venden)…

Jodido estoy!

ACTUALIZACIÓN (8/03/2018): Jazztel me confirma que son unos estafadores y que me vendieron lo que no me pueden dar:

¿El emprendedor nace o se hace?

Esta es una de las preguntas que se plantearon en uno de los talleres de la aceleradora en la que estamos con nomorepass, la verdad es que la respuesta no es única, sino que varía en función del emprendedor, había quien estaba allí obligado, quien tuvo un tardío despertar o quien, como yo, sentía la llamada desde pequeño.

Al principio me pareció una pregunta tonta, incluso trampa, para obtener una respuesta «políticamente correcta» sobre el equilibrio entre los genes y la educación, pero a mi me sirvió para darme cuenta que, realmente, ahora estoy haciendo lo que siempre había querido hacer. Recordé que mi heroe de pequeño era el tio Gilito, el tío rico de los sobrinos de Donald y cuyas aventuras yo seguía avidamente en mis tiempos mozos leyendo tebeos «Don Miki.

Quizá lo que me atrajo al principio fue el hecho de estar «forrado», pero recordando esta época lo que me atraía de este personaje no era el mucho o poco dinero que pudiese tener, ni sus problemas con los golfos apandadores, sino que todo lo que tenía lo había conseguido por sí mismo. Le costaba una enormidad gastar la más mínima cantidad de su inmensa fortuna y estaba siempre ocupado haciendo negocios, pero a mi me gustaba por que había ganado todo ese dinero por sus propios medios, siguiendo su pasión y siendo libre allí donde iba.

Si, quizá ese no era el personaje más popular de los de Disney, pero, oye, para mi lo era. No puedo releer las historias de mi infancia porque, como tantas otras cosas, desaparecieron de mi casa por arte de magia (o de limpieza, como diría mi madre).

Haciendo memoria, recuerdo que cuando me asaltó la fiebre por la informática, de la que todavía no me he librado, una de las primeras cosas «raras» que hice con mi CPC464 es crear un «banco» donde permitía a mis hermanas depositar su dinero y tener su propia cuenta bancaria… Creo que ya apuntaba maneras. También recuerdo que, al poco de cumplir los 18 años, impulsado por la misma fiebre emprendedora de mi ídolo de papel, creí necesario informarme de lo que se necesitaba para crear una empresa, todavía no sabía de qué, y mandé una consulta por correo a un organismo pùblico (no recuerdo cual) y de la que, para mi sorpresa, recibí respuesta en forma de un documento larguísimo con todas las opciones y trámites que tendría que realizar para crear una empresa… De hecho ya tenía hasta el nombre: «Illusion». Pero como no tenía modelo de negocio y los trámites eran largos, tediosos y costosos ahí terminó mi primera etapa de emprendedor en ciernes.

Aunque cada vez me fuí imbuyendo más y más del espíritu de la informática, nunca abandoné mis tendencias emprendedoras. Admiraba y admiro a los grandes de la informática tanto por su destreza técnica como por la forma en que pudieron crear algo grande (yo siempre digo que quiero ser Wozniak en vez de Jobs, pero también reconozco que Bill Gates creó algo de la nada e hizo más por popularizar los ordenadores que cualquier otra persona). La vida, sin embargo, nos obliga a seguir caminos predeterminados. En el 96, cuando salí de la facultad no se me pasaba por la cabeza montar nada por mi cuenta, y fueron las circunstancias las que me obligaron años más tarde a montar mi primera empresa. Soy el único emprendedor de mis amigos de facultad, y probablemente, sea el que menos dinero gana y más tiempo dedica a su trabajo pero, oye, sarna con gusto no pica.

En fin, este no es un post para recomendaros que seais emprendedores, quizá lo que quería recordar es que para ser emprendedor hay que tener una vocación muy especial. Que no todo el mundo está preparado para los sacrificios y el alto coste personal que vas a tener que afrontar ante tu familia y amigos. Que muchas veces vas a querer tirar la toalla, rendirte ante las circunstancias y entregarte a un empleo estable, con jefe despótico y recompensas poco habituales, donde no se te pague por opinar y la proactividad te la tengas que dejar en casa. Y, finalmente, que sin el apoyo de tu pareja o hijos vas a estar muy jodido, así que piénsatelo muy bien antes de emprender un camino que puede que no te lleve a ninguna parte y que hará que propios y extraños te miren mal. Lo mio ya no tiene remedio.

Errores de gestión… Las empresas de becarios

Uno no deja nunca de aprender, sea de informática o sea de gestión, en este caso me toca hablar de una tendencia que se afianza día a día en las empresas de informática y de la que he tenido un ejemplo flagrante hace muy poco. La lección de hoy, queridos lectores, es que, nunca, nunca, nunca, hay que dejar que tu empresa sea solo un conjunto de becarios.

¿Son malos los becarios? Claro que no, seguro que en poco tiempo se convierten en unos excelentes profesionales. Con la guía adecuada, y aprendiendo de los profesionales de verdad, todos aprendemos y nos convertimos en profesionales, con poca experiencia, pero profesionales. Entonces, ¿porqué me quejo? Veamos el ejemplo.

Una startup de la que prefiero no acordarme, comenzó su andadura en un nicho de mercado en el que partía con ventaja. Sus socios eran lo mejor de lo mejor en sus áreas de experiencia. Unos provenientes de la parte académica, pero con experiencia en proyectos de investigación, otros con experiencia en el desarrollo de software a nivel profesional y un gestor que creía que sabía de todo que encontró el dinero y los inversores necesarios.

Como toda startup su obligación es focalizarse en su proyecto principal y quemar dinero hasta que consigue sacar al mercado su idea o se queda sin dinero. No obstante, por errores que no vienen al caso, la idea principal se marchitó y se lanzaron a intentar crear productos en mercados cada vez más abarrotados, donde no contaban con las ventajas anteriores y con el dinero ya mermado. En esas los socios más interesantes y menos comprometidos fueron abandonando el barco, o bien se vieron obligados a abandonar al no tener expectativas de obtener un salario digno (digo digno, no a la altura de sus méritos, que eso siempre es mucho más, pero, oye, estamos en una startup). Estas personas son reemplazadas por becarios de manera que, al final, solo queda un socio con conocimiento y experiencia y el resto que se limita a aprender lo mejor que puede intentando no romper demasiado.

Y el error principal viene cuando el gestor, en su afán por prolongar una agonía innecesaria, decide sustituir a este socio «excesivamente caro» por otras personas de un nivel muy inferior, sin capacidad de trabajo ni compromiso con la empresa pero obedientes y baratitos… El resultado, el de siempre, una mierda.

¿Puede una empresa sin conocimiento práctico, sin experiencia, sin foco y sin socios comprometidos trabajando en la misma triunfar? ¿puede acaso sobrevivir? A los ojos de quien solo mira números y no valora el trabajo real de ninguna manera es la consecuencia evidente, pongo dos por el precio de uno y gano en el cambio… ¿Ganar qué? Duplicas el numero de problemas, dilapidas el poco conocimiento que tenías y llevas a cero la confianza de los inversores en una empresa que se puede montar con cualquiera que pase por allí y que no premia ni valora experiencia ni conocimiento… En fin…

Hipocresía patria

Esta vez tengo que hablar de política, bueno, no, realmente no es política, pero estamos empeñados todos en «politizar» nuestras actitudes para buscar una «justificación» a lo injustificable… Esta semana he encontrado mucho cinismo y mucha hipocresía por las calles y por las redes de nuestro país, dejadme que os diga porqué.

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Me comentaban que en una conversación de peluquería, varias madres estaban echando pestes de los gastos que tenían que afrontar en sus colegios concertados, que si el uniforme, que si les obligaban a comprar los libros en un sitio determinado y no podían conseguir descuentos, que si el donativo «voluntario»… Llegando a decir que, «mira tú, en eso los públicos se organizan mejor con los pocos medios que tienen».

Vamos a ver, señoras recién peinadas, los colegios concertados son un accidente de nuestra democracia. Se plantearon como una manera de asegurar la escolarización obligatoria en todos aquellos sitios donde no había todavía colegios públicos… Pero ahora estos concertados, en lugar de ir desapareciendo como debían y volverse a convertir en verdaderos colegios privados, se han convertido en un sumidero de dinero público y en una especie de «club selecto de todo a 100» para la clase media.

La mayoría de estos colegios, gestionados por religiosos o empresarios con pocos escrúpulos, tienen la obligación de dar la misma educación que los colegios públicos y reciben, a cambio, una cantidad neta de dinero que, ellos mismos, se encargan de decir que es menor (si no no tendrían razón ninguna de existir) y por eso tiene que financiar el resto de los costes con el dinero de los padres. De ahí a pensar que ese colegio va a ser mejor que el público hay un salto mental que no me atrevo a dar… Porque lo único que es diferente es la «exclusividad» del alumnado. Es difícil encontrar negros, gitanos, rumanos o cualquier otro tipo que no sea blanco-católico en los colegios concertados… ¿Eso como es posible? Pues haciendo trampas.

Los criterios de entrada en los colegios concertados están establecidos por ley y son muy similares a los de los colegios públicos… Eso si, los padres católico-blanco-piadosos no tienen ningún problema en «arreglar» sus papeles empadronando a los niños con los abuelos, haciendo una declaración del IRPF falsa (que ya se arreglará si eso con una complementaria), o incluso inventándose dolencias imaginarias para conseguir que su niño consiga una plaza allí… Y si se ha colado algún inmigrante, morenito o algún maldito ateo, ya se encargarán en el colegio de recordarle donde está y porqué ha de irse a la pública… En suma, actitudes todas muy cristianas y de buenas personas… De estos padres, ¿qué podemos esperar que sean sus hijos?

En segundo lugar, la hipocresía patria contra los refugiados Sirios… No deja de escucharse por ahí: «Que si quieres que vengan que les des tu casa, que mis impuestos no son para extranjeros, que si van a venir terroristas, que mejor que le demos las ayudas a nuestros parados!»

¡Por Dios! Estoy seguro que a un parado nuestro no le haría mucha gracia tener que deambular por varios continentes con su familia a cuestas, muerto de miedo por si te atacan o por si te pegan de patadas los reporteros para poder recibir las «explendidas» ayudas que se les ofrece en los países de destino. Vamos, que seguro que hay que inventarse una guerra e irse por ahí para vivir del cuento de las ayudas (nótese la ironía). Este tipo de gente es muy peligrosa, y lo peor es que se creen el mensaje (si hay que ayudar a alguien que sean a los nuestros) y no tienen ni la más mínima idea de lo que es pasar una guerra y tener que abandonar todo lo que tienes y a todos los que te importan para llegar a un país que te desprecia. ¿Seguro que los que están protestando por ayudarles lo hacen sabiendo lo que dicen o son proclamas políticas intentando meter el miedo y asegurar el voto en las próximas elecciones? Un poquito de por favor…

De nóminas y facturas

Hoy tengo que intercalar un post de «lloriqueo»… Id sacando la «buambulancia», que empiezo.

Masthead-415x191-bills-paidIgual es una manía mía, pero tengo la mala costumbre de pagar por los trabajos que me hacen, o incluso los que no me hacen, puntualmente siempre que no tenga ningún problema que me lo impida por fuerza mayor. No es que sea un buen pagador, es que las deudas que se pueden pagar, hay que pagarlas… Y mucho más si es por trabajo que ya te han hecho.

Esa costumbre, sin embargo, no está muy arraigada en nuestro país (no puedo hablar de las costumbres de otros), donde el más listo no es el que más sabe, sino el que es capaz de engañar durante más tiempo.

El caso es que siempre hay clientes «listillos» a los que has de recordarles periódicamente que tienen que pagar una factura. A veces es poca cantidad y solo con el aviso es suficiente (y tampoco nos importa esperar), a veces son cantidades importantes y la falta de ese ingreso nos causa serios problemas financieros, y el aviso parece que es como el suave viento de primavera: se nota pero no molesta… Llegados a la situación en la que tenemos varias facturas impagadas de varios clientes por trabajos que ya se han hecho y se han entregado, ¿qué se puede hacer?

Pues la verdad, no lo se, a mi algún cliente me han llegado a echar broncas monumentales por recordar que lo de pagar a los proveedores no es un favor, sino una obligación, y que el tiempo pasa (si, el tiempo relativístico para pagar facturas es un invento muy nuestro, pero no existe). Claro, que el cliente/patrón que actúa así denota que no tiene el más mínimo interés en lo que le estás proporcionando. Eso, o que es una mala persona, que tiene algún problema que no nos quiere contar, o que, simplemente, está estirando los plazos para ver hasta donde eres capaz de llegar.

Callarse tampoco es una opción, siempre alguno de los listillos que ha dejado por meses sin pagar la factura te puede decir que «se me ha traspapelado, ¿porqué no me has dicho nada?» o espera a que se lo recuerdes para decirte lo mal que lo tienen y darte un nuevo plazo de pago… grrrrr.

Hay también un leve tufo sádico en algunos que disfrutan viéndote sudar la gota gorda para conseguir que te ingresen un dinero que ya te has ganado, dándole más valor a la parte que menos tendría que tener, el pagar efectivamente la factura. Pero es que no todo el mundo es masoquista y hay muchos que necesitan ese dinero para algo más que gastárselo en putas y alcohol…

En resumen: si eres de los que no pagan las facturas a tiempo, tu sabrás porqué lo haces, pero está muy feo. ¡Y lo sabes!

Y si, encima, esa factura corresponde a un trabajo de un autónomo (que sale mucho más barato que ponerle una nómina) que ha ido todos los días a tu centro de trabajo y esperaba cobrar la factura próxima a cuando cobran el resto de los trabajadores con los que comparte mesa, que sepas que está más feo todavía.